Recordando el
discurso de cierre de Hernán Casciari en Evento Blog España 08, sigo sin hallar una respuesta satisfactoria al dilema que plantea. Según él, y coincido prima facie en ello, las
blogueras (y los
blogueros) o
bloggers no existen como tales, así como no existen las
avioneras o las
omnibuseras sino las
viajeras, porque lo que importa es que viajen y no qué medio utilicen para viajar...
Sin embargo, siguiendo con este ejercicio de buscar ejemplos, me topo con las
mochileras o las
autoestopistas, que también viajan y cuya forma de hacerlo de alguna manera modela el viaje. Hasta en ocasiones convertir esa forma no sólo en un medio, sino en un fin en sí mismo. Según Casciari y si se me permite interpretarlo, las
blogueras no existen porque son, o serían, simplemente escritoras, o periodistas, o psicólogas, filósofas, cocineras, estudiantes, deportistas, vamos,
mujeres que escriben usando para ello la 'herramienta blog'. Y que una vez muerta la herramienta -por asesinato o muerte natural-, volcarán sus textos o sus palabras en algún otro formato más acorde a los tiempos. Porque al fin de cuentas, quien tenga algo para decir, siempre encontrará la forma de decirlo, aunque más no sea subido a un banquito en una plaza cualquiera.
Y en eso estaba pensando cuando se me ocurrió este post, en cuánto hay en nosotras de blogueras o cuánto de poetas, payadoras o juglares trashumantes, de acróbatas de circo, actores que vamos de gira de
blog en blog ciudad en ciudad dándole rienda a nuestro personaje, a veces más a veces menos, parecido a nosotras mismas.
En lo personal, después de varios años de sufrimiento, descubrí lo que sería desde entonces para mí el, truco infalible para atraer la atención de las mujeres: tomar un micrófono imaginario y dar mis discursos, opinando acerca de todo
en especial de lo que no sabía demasiado. Ellas se formaban en semicírculo frente a mí, sentadas o de pie, y así solía mantenerlas un rato absortas fijándose en mí en lugar de estar mirando al rubio nuevo del equipo de básquet. Estábamos en el club de mi barrio y tendría yo unos once o doce años. Desde entonces, (no sé si lo han notado) no he parado de decir cosas, ya sea como adolescente encerrada en su cuarto garabateando borradores, o como docente apasionada, charlatana ocasional en alguna cola de Banco o bloguera...
La pregunta entonces sigue abierta: ¿Existimos las blogueras como tales o somos tan sólo humanas escribientes que en tanto utilicemos esta plataforma seremos (mal) denominadas de ese modo? ¿Se cumplirá la profecía vaticinada por Casciari que enmudecerá nuestras lenguas fatigadas de no decir nada en el fin de los tiempos (de los blogs como plataforma de publicación)?
Hasta encontrar una respuesta seguiré escribiendo, aunque tal vez, sólo tal vez, después también lo haga.