Amanecidas de una de nuestras primeras noches largas, aún con el rostro somnoliento y a modo de confesión me espetó: no tengo X (la edad que había confesado), tengo Z. Un escalofrío recorrió mi espalda. Quedé absorta, descubriendo -por primera vez- su rostro a todas luces aniñado. Desconcertada, tratando de deshacer mis pasos hasta descubrir cómo una persona tan precavida como yo, había llegado a cometer semejante error: 1- enamorarme de una mujer tantos años menor y 2- (lo que era peor aún) haberle creído.
Haberle creído a alguien de quien nada sabía, a quien no conocía en realidad...
Debo haberme puesto pálida como una cebolla, sí, como una cebolla blanca (no sé por qué se me ocurrió esa analogía) porque tras unos segundos interminables me dijo a carcajadas:
-¡Tengo treinta! ¡no te mentí!.
Pero... ¿cómo podía creerle ahora?.
-Quiero ver tu documento.
-Pero si ya lo viste, te lo mandé escaneado por mail...
-Sí, no importa, quiero ver el original.
Y tenía treinta nomás. Pero qué susto me hizo pegar con esa broma...
Lo cierto es que cada vez que por algún trámite tiene que declarar el año de nacimiento, la empleada levanta la mirada por sobre los anteojos y le dice remarcando las decenas: setenta y ocho. No no no, sesenta y ocho- corrige ella. Entonces la empleada anota con un gesto de desdén como diciendo: como quieras, si te querés agregar diez años es un problema tuyo.
* de MI inocencia :)
Haberle creído a alguien de quien nada sabía, a quien no conocía en realidad...
Debo haberme puesto pálida como una cebolla, sí, como una cebolla blanca (no sé por qué se me ocurrió esa analogía) porque tras unos segundos interminables me dijo a carcajadas:
-¡Tengo treinta! ¡no te mentí!.
Pero... ¿cómo podía creerle ahora?.
-Quiero ver tu documento.
-Pero si ya lo viste, te lo mandé escaneado por mail...
-Sí, no importa, quiero ver el original.
Y tenía treinta nomás. Pero qué susto me hizo pegar con esa broma...
Lo cierto es que cada vez que por algún trámite tiene que declarar el año de nacimiento, la empleada levanta la mirada por sobre los anteojos y le dice remarcando las decenas: setenta y ocho. No no no, sesenta y ocho- corrige ella. Entonces la empleada anota con un gesto de desdén como diciendo: como quieras, si te querés agregar diez años es un problema tuyo.
* de MI inocencia :)








2 opinan:
¡Qué susto que te pegué, eh?! juaaaaaaaaaaaaaaaaaa !!!
a vero: la verdad que sí, y todavía sos de hacer ese tipo de bromas, sabandija!!!
TE AMO
Publicar un comentario en la entrada
Tu opinión nos interesa a todas.
Gracias por comentar!
Si querés escribirme podés hacerlo a: haymujeres@gmail.com
Seguí mis mensajes en Twitter!