
A algunas las veía venir, mansas, y les perdonaba la vida. En cambio otras acudían prestas, arrogantes, y terminaban devolviéndome -hecha girones-, a mi punto de partida. Las menos me atraían, seductoras, hacia lo desconocido. Yo inconsciente no medía los peligros. Pasábamos horas entre triunfos y fracasos. Así eran, orgullosas, y yo obstinada a pesar del pedregullo. Tan felices. Ellas y yo: las olas de mi infancia.























2 opinan:
'Y un poquito más allá...¿me animo?'. Los mismos intentos osados de la infancia trasladados a la adulta que ahora soy, no son los límites de mi imprudencia sino los de mi iniciativa.
a la maga: la infancia y la adolescencia pasan... sólo quedan hermosos recuerdos
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