Vero abre un ojo y mira hacia mi lado de la cama. Me ve semisentada, recostada en el respaldo y comienza su interrogatorio.
- ¿Ya te despertaste?- balbucea.
Nadie le contesta.
Abre el otro ojo... un resplandor se cuela en la habitación semioscura.
- ¿Qué estás mirando?.
En su hipnagogia, esa luz no puede provenir de otro lugar que no sea el televisor que encendí y que alimenta mi desvelo. Su pregunta/reproche cae en el vacío pero ella hace caso omiso a mi silencio. Insiste, y esta vez cambia de tema: - Che, yo estoy mucho mejor de la garganta, ¿y vos?. *
Mientras tanto yo sigo hablando por teléfono en la habitación contigua, la puerta entornada para que ella pudiera dormir, para que la luz no le diera de lleno...
* esto, o algo parecido, es lo que Vero me relata cuando finalmente advierte que estuvo conversando todo el tiempo... ¡con MI ALMOHADÓN!