Andrés Calamaro - El salmón
Este post/divague surgió inicialmente como respuesta al post
Sin respuesta (obvio) (y para variar) de Alma del Blog
Mi Alma en su Laberinto. Como la mente me fue llevando para cualquier lado =P y la cosa se extendió demasiado decidí postearlo aquí y avisarle a Alma con un pequeño comment.
Sólo el hecho de plantearse la pregunta ¿cómo sería si no fuera como soy? implica un grado de reflexión que -me atrevería a decir- el 90% de la gente no tiene, o por lo menos no ejerce...
La gente no sabe cómo es, mucho menos puede ensayar, aunque más no sea en su mente, alternativas de ese yo. Poca gente puede pensarse otro, aunque esa 'otredad' no sea más que una variante de sí misma.
La gente ES, en el mejor de los casos (yo diría en el peor), como es, como cree que tiene que ser, como le dijeron que fuera, o como le 'enseñaron' que debía ser...
Difícilmente lo que desee ser, o haya soñado para sí misma.
La mayor parte de la gente se 'autoetiqueta' con un puñado de tags muy básicos que ha ido internalizando desde la infancia, a partir de su núcleo familiar y/o escolar o de amistades más íntimas. Así tendremos a las que se dicen gritonas, lloronas, nerviosas, sacrificadas etc*. Detrás de cada una de esas etiquetas, que en la mayoría de los casos ni siquiera responden a la realidad sino a lo que otros han querido ver tempranamente en ellas, se esconde un sinfín de sentimientos, emociones, y características varias que constituyen la personalidad (discúlpenme los psicólogos que me meta en un terreno que no conozco).
Al manejarse con supuestos y generalizaciones, se les hace muy difícil pensar en cómo son. Entonces necesitan mirarse en el otro... identificarse... y repetir. Repetir conductas, modas, modelos de lo que se supone son. Por ejemplo, si se usan las botas de punta cuadrada, ahí vamos todas a buscar ofertas de botas de punta cuadrada, si está de moda hacer el lemoncello en casa, ahí vamos todas a comprar limones aunque nunca en nuestra vida nos haya gustado el alcohol... Repetir lo que hacen los otros nos allana el camino, nos transporta a un terreno seguro, ese en el que no hay espejos donde poder ver cómo somos en realidad.
Por eso el diferente asusta tanto. Porque pasa a ser como el espejo roto, y nos devuelve una imagen defectuosa que viene a alterar la uniformidad. La respuesta 'yo soy como todo el mundo' empieza a dejar de tener sentido. Comienza la incertidumbre, la inestabilidad, el caos. Entonces cada uno se aferra con mucha más fuerza al modelo, al mandato, como el náufrago a las ramas que pasan a su lado... no vaya a ser cosa que algo extraño brote en él como una pústula, como lo abominable. No vaya a ser cosa que alguien crea ver en él algo maligno, indeseable, nefasto para el conjunto de la sociedad. Nadie quiere ser desclasado. Quiero decir, a muy pocos realmente NO les interesa 'pertenecer'. Para eso hace falta recorrer mucho camino. Pensarse, pensarse uno, individuo, saber cómo somos, quiénes somos, cómo queremos o quisimos ser. Implica contrastar con la sociedad y contrastarse con uno mismo. Implica ganar, pero también implica la posibilidad de perder. Y eso es lo más desestabilizante, lo más doloroso. Por eso es más fácil decir: 'yo siempre fui gordita', o 'a mí nunca me gustó la mayonesa', y refugiarse en esa seudoigualdad superficial, que profundizar en cómo, qué, o quiénes somos realmente.
* no sé por qué escribí este post pensando en las mujeres, aclaro que no es misoginia en absoluto, lo que digo es aplicable también a los hombres, o como diría mi mujer 'a hombres y mujeres de cualquier sexo'.
Edito: cuando digo -citando una frase que siempre usa mi mujer- que este post atañe a hombres y mujeres de cualquier sexo, me equivoco, y me contradigo porque justamente creo que todos aquellos que en algún momento de nuestras vidas nos planteamos nuestra orientación sexual, identidad de género, sexualidad o lo que sea, estamos fuera de las generales de la ley.